La madrugada lo oscurece todo. Eso pienso. Los pliegues de mi cerebro se cargan de energía. Se ponen en funcionamiento. Me pongo a pensar. La madrugada te da mucho tiempo para pensar. Los microvoltios inundan mi cerebro. Tengo todo el tiempo del mundo para coquetear con la psicosis. El silencio ayuda en la tarea de concentrarme con mi Yo interior.Trato de pensar en verde, pero está todo negro. Es de noche. De todas formas, sólo puedo imaginar en blanco y negro. Pienso en lo mismo en lo que llevo pensando un par de semanas. El tema, -me digo para mis adentros-, ya pierde interés. Pero sigo tratando de buscar un resultado satisfactorio a las ecuaciones que hacen vibrar mi masa encefálica. Fálica. ... ¿falica? No se si tendrá relación. Paso a otra cosa. A lo mismo, pero desde otro punto de vista. Intento verlo desde fuera. Como cuando haces un viaje astral. Me invento motivos ajenos. Los veo tan absurdos que los descarto. Me invento más motivos. También los descarto.Dejo de inventarme motivos. Exagero los pocos que se me pasan por la cabeza. No. También me parecen absurdos. Me aburro. Iker Jimenez habla sobre no se qué pirámides encontradas en el centro de Europa donde las baterías de las cámaras se descargan debido a un desorden energético. Centro mi atención al escuchar la palabra "batería".¿que hora es? No se. Está oscuro. Aprieto un botón. Las 06:16 iluminan mi habitación durante exactamente 20 segundos. De nuevo oscuridad. Me percato de que ya no me interesa seguir pensando. Es la segunda vez que llego a esa conclusión. Los temas pierden interés cuando son siempre los mismos. Mi cabeza me lleva 6 horas atrás. Cena, regalos, ilusión, risas, preocupación leve. La que tienes cuando esperas que todo salga bien. Todo sale bien. No depende de mi. Bueno, un poco si. Pero no quiero ser protagonista de nada. Hoy no. Este año no he tenido protagonismo. No lo he tenido...mi cabeza vuelve al principio. No quiero volver al principio. Cambio voluntariamente de pensamiento. Vuelvo 6 horas atrás. Veo sonrisas. Muchas. Una me parece un poco forzada. Luego veré si todo está bien. Me percato de la pequeña preocupación que me invade, por que todo el mundo esté a gusto. No hay silencios. Fluyen las conversaciones. Todo está bien. dejo de preocuparme. Me percato de que estoy a gusto, viendo que todo el mundo está a gusto. Estoy en silencio. Alguien me mira. Guiño un ojo y sonrío. Estamos demasiado lejos como para hablar sin romper las 3 conversaciones que tenemos de por medio. Alguien me sirve un trozo de tarta. Que fresca, Que rica. Levanto la cabeza y me mira. Lo miro. Sonríe. Sonrío.Hago un casi imperceptible gesto que solo él advierte, como confirmándole que todo está saliendo bien.Una fuerza me devuelve a mi cama. Por un momento he estado allí otra vez. Ha sido genial. Me entra un poco de pena por que hecho en falta a alguien. Le hecho la culpa a la incompatibilidad de carateres. Una lucecita interna me indica que estoy intentando mentirme a mi mismo y que no es cierto. La culpa no es de ninguna incompatibilidad de caracteres. Vuelvo al principio, pero inmediatamente cambio de pensamiento. Le estoy pillando el truco a pensar voluntariamente en otra cosa, cuando un tema ya me aburre. Vuelvo a la mesa. Es como hacer zapping. Me imagino la vista desde la posición de quien tengo en frente. Y de quien está al otro extremo de la mesa. Modulo sonidos para escuchar la última conversación. Por el tono adivino algo relacionado con la pesca que mañana temprano tienen previsto. Sigue estando todo bien. Vuelvo a mi cuerpo en mi silla. Modulo de nuevo los sonidos para atenuar la conversación del fondo y escuchar voces femeninas. Risas. Me doy cuenta de que es eso lo que no tengo. Tranquilidad. Un halo casi invisible de envidia por lo que no tengo recorre mi cerebelo, pero enseguida es desintegrado por un sentimiento mucho más fuerte. Un sentimiento de bienestar. De aceptación. La parte consciente de mi cerebro se está desconectando. Lo noto. No hago nada para evitarlo. Me gusta, y me empiezo a dormir con ese sentimiento de tranquilidad. Mañana me levantaré sonriendo.
domingo, 24 de octubre de 2010
jueves, 21 de octubre de 2010
Memoria a corto plazo
Sí. Mi memoria a corto plazo es un asco. Lo admito. Y además, también lo asumo y a pesar de que no lo comprendo, me resigno.
Hasta le he encontrado la parte positiva.
Mi memoria a corto plazo, cosa que entiendo como "cosas que acabas de ver, oír o sentir hace unas horas, y que, al rato o al día siguiente, has olvidado", según he podido comprobar, aunque está dentro de la media de esas 16 horas, reservando unas 7 u 8 para dormir, está en el límite.
Al contrario, mi "memoria fotográfica" está hiper-desarrollada.
Soy capaz de recordar con todo lujo de detalles, una conversación de forma literal, lo que he sentido, o los detalles del lugar , con sólo ver una imagen donde me ha ocurrido determinada circunstancia.
Y aunque no sé si tiene buen o mal diagnóstico, a mi me vale.
Por que, después de haber tenido una bronca, un enfado, una disputa, un desengaño, una decepción, o cualquier otra cosa calificable como "negativa", simplemente... me olvido de ella.
Y puedo seguir siendo feliz.
Sí, en mi ignorancia, pero feliz.
De todas formas, de una bronca nunca se puede sacar nada en limpio.
Ojo: eso no quiere decir que me olvide de que he tenido una bronca. Sigo siendo consciente de todas y cada una de las circunstancias y detalles que han desencadenado, desarrollado y desenlazado la susodicha disputa. Pero simplemente, dejo de sentir el daño que quizás sentía en las horas circundantes a esa cuestión.
Claro, si me pongo a recordar, claro que vuelve todo eso a mi cabeza. Pero controlar un recuerdo es relativamente sencillo. Basta con ocupar los pliegues del cerebro con otras cuestiones.
Como escribir esta entrada.
Ahora es cuando le iba a robar una frase a mi amigo el psicótico, pero ya no la recuerdo.
Realmente tiene su parte de putada, por que nunca seré un buen contador de chistes. Nunca me acuerdo de ninguno. Bueno, salvo el de la niña que tenia un perro que se llamaba "mistetas". Pero ya está un pelín rancio.
Para los recados tengo mi agenda electrónica. Lo cual no ayuda demasiado a desarrollar mi memoria a corto plazo. Pero mejor eso, que olvidarme de cuando he pedido vacaciones, cuando es el cumpleaños de mi novio o de mi única amiga, o incluso de cual era el regalo que finalmente había decidido comprar de entre todas las posibilidades que estaba valorando.
Creo que es mejor la parte positiva que la negativa.
Olvidarme de cuestiones negativas (para las positivas tengo la agenda), a costa de no recordar si ayer comí pollo, y repetir menú hasta que me terminan por salir alitas, para dar paso a la tortilla, y repetir tortilla hasta que se me terminan los huevos, momento en el que voy al super y compro pollo y huevos.
Y seguramente, alguna otra cosa que ya tenia, pero que no recordaba.
Para ser sincero, he de admitir que, también son pocas ganas de organizarme, pues todo esto se soluciona apuntando en una notita estas cosas y pegarla con un himan en la puerta de la nevera, de forma que cuando algo se termine, lo apunte.
Pero mi vida seria mucho mas aburrida sin tropezar una y otra vez en con propios defectos.
Si fuese perfecto (o más perfecto), me habría sacado unas oposiciones, me habría hipotecado cuando los pisos estaban baratos para presumir hoy de piso caro y no habría empezado nunca a fumar.
Pero si todos fuésemos igual de perfectos, la vida seria un asco, por que todos pensaríamos igual. No existiría gran hermano por que hasta a los creadores les daría grima la idea en el mismo momento de que se les pasase por la cabeza, desechándola inmediatamente.
Sólo habría un partido político.
Viviríamos siempre en una crisis perpetua, por que nadie sabría salir de ella. O quizás no hubiese reventado nunca la burbuja inmobiliaria, por que todos sabríamos como mantenerla bien hinchada y brillante.
Como ocurria antes de que reventara, cuando todos estabamos de acuerdo por que a todos nos iba bien, aunque ahora algunos nos tiremos de los pelos.
¿Y qué seria de nuestras vidas sin corrupción?
Sin la Rocio Jurado, sin el bigotes, sin los trajes del tipo de la tierra de las naranjas valencianas, sin doping en el ciclismo, sin "La Noria", sin desacuerdos...
No tendríamos a quien criticar , ni equipo de fútbol con el que ganar la copa del mundo de las narices, ni Belén Esteban sería, según las encuestas del c.i.s., la siguiente presidenta del gobierno, si fuese candidata (que manda wevos, como decía Trillo), ni los funcionarios de derechas pondrian el grito en el cielo por que cobraran durante una temporada 30 euros menos de su asegurado sueldo de por vida.
Por que todos estaríamos de acuerdo en las mismas cosas. Seriamos como autómatas.
Menos mal que existen multitud de cosas que nos diferencian, como lo que podemos o no recordar, y durante cuanto tiempo. Y la facilidad o dificultad que cada uno tenemos para cambiar de opinión, o para dar el brazo a torcer.
Le decía antes a mi amigo el psicótico, que yo, llevo tantos años dando el brazo a torcer, que me lo han pasado de rosca.Y como ya no quedan repuestos, ahora me pongo en plan gilipollas y no cedo. En casi nada.
Si tengo razón, no me muevo ni a empujones.
Y si creo que la tengo, razono mi postura con tanto entusiasmo que doy asco, hasta que, o bien me den la razón que creo poseer, o me hagan ver la luz con un razonamiento ajeno.
Gracias a mi volátil memoria a corto plazo, he adquirido el magnífico don de la inflexibilidad, se me han desarrollado nuevos sentidos que no tenia, como el relativo a repatalear hasta quedarme exausto, o el directamente poco fino pero efectivo ejercicio del derecho de mandar a alguien a tomar por donde se comienza la fabricación de los cestos, también denominado "culo".
Si en el fondo, el recordar pocas cosas es toda una ventaja.
Hasta le he encontrado la parte positiva.
Mi memoria a corto plazo, cosa que entiendo como "cosas que acabas de ver, oír o sentir hace unas horas, y que, al rato o al día siguiente, has olvidado", según he podido comprobar, aunque está dentro de la media de esas 16 horas, reservando unas 7 u 8 para dormir, está en el límite.
Al contrario, mi "memoria fotográfica" está hiper-desarrollada.
Soy capaz de recordar con todo lujo de detalles, una conversación de forma literal, lo que he sentido, o los detalles del lugar , con sólo ver una imagen donde me ha ocurrido determinada circunstancia.
Y aunque no sé si tiene buen o mal diagnóstico, a mi me vale.
Por que, después de haber tenido una bronca, un enfado, una disputa, un desengaño, una decepción, o cualquier otra cosa calificable como "negativa", simplemente... me olvido de ella.
Y puedo seguir siendo feliz.
Sí, en mi ignorancia, pero feliz.
De todas formas, de una bronca nunca se puede sacar nada en limpio.
Ojo: eso no quiere decir que me olvide de que he tenido una bronca. Sigo siendo consciente de todas y cada una de las circunstancias y detalles que han desencadenado, desarrollado y desenlazado la susodicha disputa. Pero simplemente, dejo de sentir el daño que quizás sentía en las horas circundantes a esa cuestión.
Claro, si me pongo a recordar, claro que vuelve todo eso a mi cabeza. Pero controlar un recuerdo es relativamente sencillo. Basta con ocupar los pliegues del cerebro con otras cuestiones.
Como escribir esta entrada.
Ahora es cuando le iba a robar una frase a mi amigo el psicótico, pero ya no la recuerdo.
Realmente tiene su parte de putada, por que nunca seré un buen contador de chistes. Nunca me acuerdo de ninguno. Bueno, salvo el de la niña que tenia un perro que se llamaba "mistetas". Pero ya está un pelín rancio.
Para los recados tengo mi agenda electrónica. Lo cual no ayuda demasiado a desarrollar mi memoria a corto plazo. Pero mejor eso, que olvidarme de cuando he pedido vacaciones, cuando es el cumpleaños de mi novio o de mi única amiga, o incluso de cual era el regalo que finalmente había decidido comprar de entre todas las posibilidades que estaba valorando.
Creo que es mejor la parte positiva que la negativa.
Olvidarme de cuestiones negativas (para las positivas tengo la agenda), a costa de no recordar si ayer comí pollo, y repetir menú hasta que me terminan por salir alitas, para dar paso a la tortilla, y repetir tortilla hasta que se me terminan los huevos, momento en el que voy al super y compro pollo y huevos.
Y seguramente, alguna otra cosa que ya tenia, pero que no recordaba.
Para ser sincero, he de admitir que, también son pocas ganas de organizarme, pues todo esto se soluciona apuntando en una notita estas cosas y pegarla con un himan en la puerta de la nevera, de forma que cuando algo se termine, lo apunte.
Pero mi vida seria mucho mas aburrida sin tropezar una y otra vez en con propios defectos.
Si fuese perfecto (o más perfecto), me habría sacado unas oposiciones, me habría hipotecado cuando los pisos estaban baratos para presumir hoy de piso caro y no habría empezado nunca a fumar.
Pero si todos fuésemos igual de perfectos, la vida seria un asco, por que todos pensaríamos igual. No existiría gran hermano por que hasta a los creadores les daría grima la idea en el mismo momento de que se les pasase por la cabeza, desechándola inmediatamente.
Sólo habría un partido político.
Viviríamos siempre en una crisis perpetua, por que nadie sabría salir de ella. O quizás no hubiese reventado nunca la burbuja inmobiliaria, por que todos sabríamos como mantenerla bien hinchada y brillante.
Como ocurria antes de que reventara, cuando todos estabamos de acuerdo por que a todos nos iba bien, aunque ahora algunos nos tiremos de los pelos.
¿Y qué seria de nuestras vidas sin corrupción?
Sin la Rocio Jurado, sin el bigotes, sin los trajes del tipo de la tierra de las naranjas valencianas, sin doping en el ciclismo, sin "La Noria", sin desacuerdos...
No tendríamos a quien criticar , ni equipo de fútbol con el que ganar la copa del mundo de las narices, ni Belén Esteban sería, según las encuestas del c.i.s., la siguiente presidenta del gobierno, si fuese candidata (que manda wevos, como decía Trillo), ni los funcionarios de derechas pondrian el grito en el cielo por que cobraran durante una temporada 30 euros menos de su asegurado sueldo de por vida.
Por que todos estaríamos de acuerdo en las mismas cosas. Seriamos como autómatas.
Menos mal que existen multitud de cosas que nos diferencian, como lo que podemos o no recordar, y durante cuanto tiempo. Y la facilidad o dificultad que cada uno tenemos para cambiar de opinión, o para dar el brazo a torcer.
Le decía antes a mi amigo el psicótico, que yo, llevo tantos años dando el brazo a torcer, que me lo han pasado de rosca.Y como ya no quedan repuestos, ahora me pongo en plan gilipollas y no cedo. En casi nada.
Si tengo razón, no me muevo ni a empujones.
Y si creo que la tengo, razono mi postura con tanto entusiasmo que doy asco, hasta que, o bien me den la razón que creo poseer, o me hagan ver la luz con un razonamiento ajeno.
Gracias a mi volátil memoria a corto plazo, he adquirido el magnífico don de la inflexibilidad, se me han desarrollado nuevos sentidos que no tenia, como el relativo a repatalear hasta quedarme exausto, o el directamente poco fino pero efectivo ejercicio del derecho de mandar a alguien a tomar por donde se comienza la fabricación de los cestos, también denominado "culo".
Si en el fondo, el recordar pocas cosas es toda una ventaja.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Pedaleando con su hijo.
Hace unas horas, cuando todavía había luz, me hice una pequeña ruta en bici. Poco más de dos horas o 33Km. Como siempre, calentando por asfalto, y luego explorando caminos no asfaltados del rural.
El caso es que, en un momento determinado por la zona de Barro, -un pueblecito con encanto próximo a Pontevedra-, adelanté a una -supongo- familia, que también iba pedaleando.
Delante ella, con una bicicleta que no logré identificar, aunque tenia más apariencian de paseo que de mtb. Detrás él, con una bici algo más dedicada y, en el transportín, una silla con un crío de unos dos años.
Y fue en ese preciso instante cuando me olvidé de las obras del ave que tenia próximas, y de mi cansancio, y me puse a pensar en cosas. Otro de esos resortes internos que me saltan de vez en cuando.
Cosas como en las desigualdades sociales.
Por que allí estaba yo, pedaleando, al igual que ellos. Con una bicicleta, igual que ellos. Seguramente con los mismos impuestos y obligaciones generales que ellos, quizás con un día festivo, como ellos, haciendo una pequeña excursión por el campo, como ellos.
Pero me había topado con una pequeña-gran diferencia:
Mi bicicleta nunca podrá tener en el transportín una sillita con un crío.
La explicación rápida es que a los homosexuales ni se nos permite adoptar, ni está bien visto que lo intentemos siquiera.
La explicación pormenorizada quizás sea incluso mucho más sencilla: Prejuicios sociales.
Y empecé a divagar sobre el tema según hacia kilómetros.
A estas alturas del año, oscurece relativamente pronto y de forma más brusca que en verano, así que me pilló la puesta de sol y tuve que encender mi proyector.
Pero ni siquiera la oscuridad relativa, -"entre lusco e fusco" que decimos en Galicia-, me quitaba de la cabeza esa reflexión que siempre llegaba a la misma pregunta: ¿por qué?
¿Acaso existe una relación directa entre mi orientación sexual y la calidad educacional que le pueda proporcionar a mi teórico hijo?
¿El hecho de que no me acueste junto a una vagina, implica dejadez en cualquier aspecto?
¿Quien lo dice? ¿Quien tiene autoridad para decirlo?
¿Se me aplicará algún tipo de descuento equivalente en mis impuestos por no tener los mismos derechos que una pareja heterosexual?
¿Es mejor que un crío crezca en un hospicio, (el nombre de "hogar de acogida" sirve sólo para amortiguar en vano las consecuencias), sin una estabilidad familiar?
Uis, he dicho "familiar".
Olvidaba que la unión entre dos personas del mismo sexo ni puede llamarse "matrimonio" ni ser considerada "familia". Ni, por supuesto, acogerse a los mismos derechos y beneficios en cuanto a herencias, convivencia, ayudas fiscales, etc,etc,etc, que una pareja heterosexual. Aunque si a las mismas obligaciones.
Ni, por supuesto, tener hijos.
El claxon de un coche cerca del puente del Burgo, me hizo volver a la tierra.
Durante unos kilómetros, tengo que reconocer que había dejado volar mi imaginación, mientras pedaleaba dios sabe por dónde.
Y le había puesto mi cara a aquel chico que transportaba a su hijo en su bicicleta. Inculcándole posiblemente los valores de una vida sana desde bien pequeño.
Y enseñándole quizás algún día a montar en bici.
Pero fué entrar en la calle donde creció Rajoy, a cuyos padres tengo por vecinos, y me invadió de nuevo el rencor hacia una parte bien bonita de la sociedad.
Supongo que la solución pasa por que me cambie de domicilio...
El caso es que, en un momento determinado por la zona de Barro, -un pueblecito con encanto próximo a Pontevedra-, adelanté a una -supongo- familia, que también iba pedaleando.
Delante ella, con una bicicleta que no logré identificar, aunque tenia más apariencian de paseo que de mtb. Detrás él, con una bici algo más dedicada y, en el transportín, una silla con un crío de unos dos años.
Y fue en ese preciso instante cuando me olvidé de las obras del ave que tenia próximas, y de mi cansancio, y me puse a pensar en cosas. Otro de esos resortes internos que me saltan de vez en cuando.
Cosas como en las desigualdades sociales.
Por que allí estaba yo, pedaleando, al igual que ellos. Con una bicicleta, igual que ellos. Seguramente con los mismos impuestos y obligaciones generales que ellos, quizás con un día festivo, como ellos, haciendo una pequeña excursión por el campo, como ellos.
Pero me había topado con una pequeña-gran diferencia:
Mi bicicleta nunca podrá tener en el transportín una sillita con un crío.
La explicación rápida es que a los homosexuales ni se nos permite adoptar, ni está bien visto que lo intentemos siquiera.
La explicación pormenorizada quizás sea incluso mucho más sencilla: Prejuicios sociales.
Y empecé a divagar sobre el tema según hacia kilómetros.
A estas alturas del año, oscurece relativamente pronto y de forma más brusca que en verano, así que me pilló la puesta de sol y tuve que encender mi proyector.
Pero ni siquiera la oscuridad relativa, -"entre lusco e fusco" que decimos en Galicia-, me quitaba de la cabeza esa reflexión que siempre llegaba a la misma pregunta: ¿por qué?
¿Acaso existe una relación directa entre mi orientación sexual y la calidad educacional que le pueda proporcionar a mi teórico hijo?
¿El hecho de que no me acueste junto a una vagina, implica dejadez en cualquier aspecto?
¿Quien lo dice? ¿Quien tiene autoridad para decirlo?
¿Se me aplicará algún tipo de descuento equivalente en mis impuestos por no tener los mismos derechos que una pareja heterosexual?
¿Es mejor que un crío crezca en un hospicio, (el nombre de "hogar de acogida" sirve sólo para amortiguar en vano las consecuencias), sin una estabilidad familiar?
Uis, he dicho "familiar".
Olvidaba que la unión entre dos personas del mismo sexo ni puede llamarse "matrimonio" ni ser considerada "familia". Ni, por supuesto, acogerse a los mismos derechos y beneficios en cuanto a herencias, convivencia, ayudas fiscales, etc,etc,etc, que una pareja heterosexual. Aunque si a las mismas obligaciones.
Ni, por supuesto, tener hijos.
El claxon de un coche cerca del puente del Burgo, me hizo volver a la tierra.
Durante unos kilómetros, tengo que reconocer que había dejado volar mi imaginación, mientras pedaleaba dios sabe por dónde.
Y le había puesto mi cara a aquel chico que transportaba a su hijo en su bicicleta. Inculcándole posiblemente los valores de una vida sana desde bien pequeño.
Y enseñándole quizás algún día a montar en bici.
Pero fué entrar en la calle donde creció Rajoy, a cuyos padres tengo por vecinos, y me invadió de nuevo el rencor hacia una parte bien bonita de la sociedad.
Supongo que la solución pasa por que me cambie de domicilio...
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lunes, 11 de octubre de 2010
Agradecimientos anónimos
¿Os habéis parado alguna vez a saborear lo que se os pasa(ría) por el cuerpo, cuando cedes el paso a un peatón (aunque te "de tiempo" a pasar)?
O el decirle a alguien "usted primero, por favor", o un simple "pase, pase usté".
O disfrutar con la reacción de alguien que ha recibido un regalo, no por el hecho de haberle hecho un regalo que le guste, sino por el hecho de que esa persona sonria.
Es decir, utilizando "el regalo" como medio para conseguir "esa sonrisa" que seria el fín.
¿Habéis tenido la oportunidad de sentir lo que se siente, cuando haces sonreír a alguien?
Yo es que soy mucho de observar. Y de anticiparme.
El hacer disfrutar a los demás, me hace disfrutar. Y no me refiero a montar una superfiesta apoteósica que sea recordada durante mucho tiempo, por que a menudo esas cosas se recuerdan solo una temporada.
Hablo de algo, que te deje en segundo plano, o en último plano, pero que te permita verlo todo.
Como cuando apartas la vista de aquel escote (o paquete), aunque su propietaria/o no se de cuenta de que tú observas.
Como ver venir, según entras en el portal, a un vecino carado de bolsas que no te ha visto, y llamarle al ascensor para que esté esperándole justo cuando entre por la puerta, mientras que tú subes por las escaleras.
Como el preocuparte de si quien está detrás de ti en la cola del super tiene pocos artículos y cederle el paso, aunque no te lo halla pedido.
O el buscar esa dirección de internet que a un compañero de trabajo te has enterado de que le interesaba y no localizaba, y dejarle un posit anónimo en su ordenador, con esa dirección, y ver de reojo como cuando llega la lee, y busca a su alrededor a quien agradecerselo, sin encontrarlo...
En definitiva, el hacer las cosas por que sí. Sin buscar agradecimientos ni primeros planos, ni reconocimientos de ningún tipo.
Que nadie mas que tú sepa que has hecho algo por otra persona. Aunque sea una chorrada.
La gratificación que provoca la sonrisa de esa persona, que ni te conoce, ni te volverá a ver, o que no sabe quien le ha hecho ese favor, es una forma de que fluyan las endorfinas y uno sea más feliz.
A mi me gusta hacer feliz a la gente, y no necesito que nadie alabe mi idea. Me basta con que sea útil, y cumpla su objetivo. Es una forma de alegrarle el día a alguien, como otra cualquiera.
Con la salvedad de que también alegro mi día.
Quizás, en el fondo, sea una forma egoista de conseguir mi propia felicidad, aunque sin contraindicaciones ajenas.
Probadlo, que es gratis.
O el decirle a alguien "usted primero, por favor", o un simple "pase, pase usté".
O disfrutar con la reacción de alguien que ha recibido un regalo, no por el hecho de haberle hecho un regalo que le guste, sino por el hecho de que esa persona sonria.
Es decir, utilizando "el regalo" como medio para conseguir "esa sonrisa" que seria el fín.
¿Habéis tenido la oportunidad de sentir lo que se siente, cuando haces sonreír a alguien?
Yo es que soy mucho de observar. Y de anticiparme.
El hacer disfrutar a los demás, me hace disfrutar. Y no me refiero a montar una superfiesta apoteósica que sea recordada durante mucho tiempo, por que a menudo esas cosas se recuerdan solo una temporada.
Hablo de algo, que te deje en segundo plano, o en último plano, pero que te permita verlo todo.
Como cuando apartas la vista de aquel escote (o paquete), aunque su propietaria/o no se de cuenta de que tú observas.
Como ver venir, según entras en el portal, a un vecino carado de bolsas que no te ha visto, y llamarle al ascensor para que esté esperándole justo cuando entre por la puerta, mientras que tú subes por las escaleras.
Como el preocuparte de si quien está detrás de ti en la cola del super tiene pocos artículos y cederle el paso, aunque no te lo halla pedido.
O el buscar esa dirección de internet que a un compañero de trabajo te has enterado de que le interesaba y no localizaba, y dejarle un posit anónimo en su ordenador, con esa dirección, y ver de reojo como cuando llega la lee, y busca a su alrededor a quien agradecerselo, sin encontrarlo...
En definitiva, el hacer las cosas por que sí. Sin buscar agradecimientos ni primeros planos, ni reconocimientos de ningún tipo.
Que nadie mas que tú sepa que has hecho algo por otra persona. Aunque sea una chorrada.
La gratificación que provoca la sonrisa de esa persona, que ni te conoce, ni te volverá a ver, o que no sabe quien le ha hecho ese favor, es una forma de que fluyan las endorfinas y uno sea más feliz.
A mi me gusta hacer feliz a la gente, y no necesito que nadie alabe mi idea. Me basta con que sea útil, y cumpla su objetivo. Es una forma de alegrarle el día a alguien, como otra cualquiera.
Con la salvedad de que también alegro mi día.
Quizás, en el fondo, sea una forma egoista de conseguir mi propia felicidad, aunque sin contraindicaciones ajenas.
Probadlo, que es gratis.
viernes, 8 de octubre de 2010
Una de cal...
Yo estoy convencido de que las cosas nunca ocurren por que sí.
Todo se basa en ese magnífico principio tan ignorado pero cientos de veces invocado como un simple "causa/efecto".
Todo lo que haces o no haces, todo lo que dices o te callas, todo lo que piensas o pasas por alto, va a tener un efecto, que puede ser inmediato, o retardado en el tiempo.
Pero tendrá su efecto.
Y dependiendo de si es un efecto positivo o no, se le dará el nombre de conclusión o consecuencia.
Y últimamente estoy rodeado de consecuencias, ajenas.
Por que todo lo que la gente que me rodea hace, omite, dice, calla, piensa o ignora, mas tarde o mas temprano termina por alcanzarme a mi también. En mayor o menor medida,pero me afecta.
Quizás tenga algo que ver la intencionalidad... aunque esta es la menor de mis preocupaciones, por que estoy plenamente convencido de que la vida todo lo equilibra. De que hay algo ahí que termina por poner a cada cosa en su lugar.
Lo que realmente me preocupa es el por qué de las cosas.
Es decir, cuando una persona hace algo con la intención de hacerte daño, es muy probable que sí, que alcance su objetivo. Aunque después, al cabo del tiempo le repercuta con creces y hasta pueda llegar a pedir disculpas, aunque el daño ya esté hecho.
Pero, ¿no seria más sencillo pararse a pensar lo que vas a hacer, antes de hacerlo?
La tontería más absurda, o la circunstancia que a priori pueda tener muy poca importancia, puede no ser tan insignificante.
Todos tenemos ya una edad para saber medir y calibrar las cosas; creo yo que no hay que traspasar determinadas lineas.
En cualquier caso, los damnificados no nos quedaremos llorando en un rincón. También tenemos nuestro orgullo y nuestro corazoncito.
Y el planear algo con tanta premeditacion (y posiblemente nocturnidad laboral), para hacer daño a alguien, quien se supone que consideras un amigo, mas que eso, un buen amigo, siempre trae malas consecuencias.
Y no me vale el pronto como excusa.
Todo se basa en ese magnífico principio tan ignorado pero cientos de veces invocado como un simple "causa/efecto".
Todo lo que haces o no haces, todo lo que dices o te callas, todo lo que piensas o pasas por alto, va a tener un efecto, que puede ser inmediato, o retardado en el tiempo.
Pero tendrá su efecto.
Y dependiendo de si es un efecto positivo o no, se le dará el nombre de conclusión o consecuencia.
Y últimamente estoy rodeado de consecuencias, ajenas.
Por que todo lo que la gente que me rodea hace, omite, dice, calla, piensa o ignora, mas tarde o mas temprano termina por alcanzarme a mi también. En mayor o menor medida,pero me afecta.
Quizás tenga algo que ver la intencionalidad... aunque esta es la menor de mis preocupaciones, por que estoy plenamente convencido de que la vida todo lo equilibra. De que hay algo ahí que termina por poner a cada cosa en su lugar.
Lo que realmente me preocupa es el por qué de las cosas.
Es decir, cuando una persona hace algo con la intención de hacerte daño, es muy probable que sí, que alcance su objetivo. Aunque después, al cabo del tiempo le repercuta con creces y hasta pueda llegar a pedir disculpas, aunque el daño ya esté hecho.
Pero, ¿no seria más sencillo pararse a pensar lo que vas a hacer, antes de hacerlo?
La tontería más absurda, o la circunstancia que a priori pueda tener muy poca importancia, puede no ser tan insignificante.
Todos tenemos ya una edad para saber medir y calibrar las cosas; creo yo que no hay que traspasar determinadas lineas.
En cualquier caso, los damnificados no nos quedaremos llorando en un rincón. También tenemos nuestro orgullo y nuestro corazoncito.
Y el planear algo con tanta premeditacion (y posiblemente nocturnidad laboral), para hacer daño a alguien, quien se supone que consideras un amigo, mas que eso, un buen amigo, siempre trae malas consecuencias.
Y no me vale el pronto como excusa.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Ai shiteru Itsumademo (te quiero)
En ocasiones, uno se encuentra con un oasis, donde todo parece apaciguarse.
Es como vivir en la selva del olvido, donde nunca pasa nada, donde nunca hay consecuencias.
Por azares de la vida, me he topado (o mejor dicho, me han mandado) un enlace a un video de youtube. Pero como ya no está disponible, hago un copipaste del texto. La musica.. quizas mas adelante.
Lo lees, y luego reflexionas.
Dedícate 90 segundos a reflexionar. Que es gratis. Y fijo que hace semanas que no lo haces.
Y luego ya me dices si ha saltado algún resorte dentro de ti, o si has seguido con tu vida anodina y rutinaria, sin inmutarte, en cuyo caso deberías de mirartelo.
Por que eso que acabas de leer es profundo. La descripción literal de lo que todos alguna vez hemos sentido, pero que nunca hemos sabido explicar.
Las mariposas estomacales.
Dice asi:
Es como vivir en la selva del olvido, donde nunca pasa nada, donde nunca hay consecuencias.
Por azares de la vida, me he topado (o mejor dicho, me han mandado) un enlace a un video de youtube. Pero como ya no está disponible, hago un copipaste del texto. La musica.. quizas mas adelante.
Lo lees, y luego reflexionas.
Dedícate 90 segundos a reflexionar. Que es gratis. Y fijo que hace semanas que no lo haces.
Y luego ya me dices si ha saltado algún resorte dentro de ti, o si has seguido con tu vida anodina y rutinaria, sin inmutarte, en cuyo caso deberías de mirartelo.
Por que eso que acabas de leer es profundo. La descripción literal de lo que todos alguna vez hemos sentido, pero que nunca hemos sabido explicar.
Las mariposas estomacales.
Dice asi:
En cabellos como la noche desee en algún momento perderme,
En tus lagunas castañas ensoñe en ocasiones languidecerme.
Y si en barreras tersas como las de tus labios pude ahogarme,
Con suaves caricias y tiernos besos conseguiste sofocarme.
Gotas de rocío de mis mejillas brotaban, y mostraban, la ternura,
Y los sonidos de tu respiración, acallaban, mas silenciaban, la locura.
Si faltases y sin ninguna duda, te rescataría, haría que la muerte huya,
Ofrecería años de mi vida a cambio de minutos de la tuya.
Si me permites demostrarlo, cambiaria el rumbo del destino,
Haría que el mundo parase, y mejorara nuestro sino.
Cortaría los hilos de nuestras vidas pasadas,
Pondría un nuevo comienzo en esta historia.
Clamaría al cielo por sonrisas anheladas,
Fabricaría algo palpable de mi cordura ilusoria.
No deseo significar un mundo para ti,
Aunque tú seas un universo para mí.
Solo dejo que las palabras inunden mi cabeza,
Con solo un gesto amable tendré la certeza,
De que mi vida tenga coherencia, de que a ti haga referencia,
Que solo haciéndote feliz, consiga al fin mi tendencia.
En tus lagunas castañas ensoñe en ocasiones languidecerme.
Y si en barreras tersas como las de tus labios pude ahogarme,
Con suaves caricias y tiernos besos conseguiste sofocarme.
Gotas de rocío de mis mejillas brotaban, y mostraban, la ternura,
Y los sonidos de tu respiración, acallaban, mas silenciaban, la locura.
Si faltases y sin ninguna duda, te rescataría, haría que la muerte huya,
Ofrecería años de mi vida a cambio de minutos de la tuya.
Si me permites demostrarlo, cambiaria el rumbo del destino,
Haría que el mundo parase, y mejorara nuestro sino.
Cortaría los hilos de nuestras vidas pasadas,
Pondría un nuevo comienzo en esta historia.
Clamaría al cielo por sonrisas anheladas,
Fabricaría algo palpable de mi cordura ilusoria.
No deseo significar un mundo para ti,
Aunque tú seas un universo para mí.
Solo dejo que las palabras inunden mi cabeza,
Con solo un gesto amable tendré la certeza,
De que mi vida tenga coherencia, de que a ti haga referencia,
Que solo haciéndote feliz, consiga al fin mi tendencia.
sábado, 2 de octubre de 2010
Adquiriendo experiencia.

Hace apenas tres meses que he terminado por tercera vez el Camino de Santiago.
Y ya me ronda por la cabeza el volver a hacer alguno de sus tramos..
Las primeas 2 veces a pié. La tercera en Bicicleta.
En el fondo, supongo que se trata de salir de esta ciudad con cualquier excusa.
Y esta es una excusa relativamente económica, sencilla y que no requiere de grandes planificaciones ni es preciso seguir ningún programa previo. Como dices los de la campaña de telefonía: "a tu aire".
Tengo pseudo-apalabrado el realizar el camino portugués en bicicleta a mediados del año que viene. Todavía hay que concretar muchas cosas, y ajustar vacaciones de los diferentes componentes del equipo, pues somos de diferentes ciudades.
Pero creo que no podré esperar.
Necesito actividad y movimiento en esta vida tan, -en contra de mi voluntad-, sedentaria que tengo.
Y la gente que me rodea, -"mis cercanos" que les llamo yo-, se han aburguesado completamente.
Viajar si, pero a poder ser en la autocaravana que tienen unos, cómodos aviones y hoteles previamente concertados, que dicen otras, y como mucho, alguna escapada a alguna ciudad en coche para pasar unos días en buses turísticos, museos y excursiones en barco a lo largo de la costa.
Que no digo que no esté bien.
Pero yo necesito mucho más que todo eso: El no saber qué te vas a encontrar en la siguiente curva. El sociabilizar con lugareños, allá por donde vallas. El aprovechar que has encontrado una fuente para refrescarte y recargar el botellín. El charlar con un montón de amigos con los que compartirás 3 o 4 horas de tu vida y nunca más volverás a ver.
El saberse sólo y no contar con nadie para que te quite las castañas del fuego.
El saborear un higo o una manzana que te has encontrado en aquel árbol.
Incluso el darte el tremendo lujo de detenerte donde se te antoje, por el simple hecho de que aquel cuadro, formado por 3 arboles, un banco de madera y una pequeña capilla en mitad de ningún sitio, te ha resultado tan acogedor, que quieres formar parte durante un rato de ese lugar.
Y encima, el no tener ninguna prisa por irte. Ni por llegar a ningún sitio.
Sin informática, ni tarjetas de crédito, ni teléfonos móviles, ni semáforos, coches, normas de circulación, sin, ni siquiera televisión ni mp3.
Sin aglomeraciones ni colas.
Sin temores, sin nervios.
Sin nada más que uno mismo y sus pensamientos.
Sin riesgo a decepciones, pues no sabes qué es lo que habrá mas adelante.
Con morriña de lo que vas dejando atrás.
Adquiriendo experiencia.
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