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viernes, 1 de julio de 2011

De pedales

No puedo negar que ayer, a estas mismas horas, decidí no ir.
El año pasado me lo pasé tan bien, y conocí a unos compañeros durante el camino, tan auténticos, que no creo que pueda ni siquiera igualar el listón este año.
Llevo pensando en hacer de nuevo el camino de Santiago en Bicicleta, desde el mismo momento en el que lo terminé el año pasado cuando partí desde Oviedo. Pero un año es mucho tiempo, no cave duda. Y suceden muchas cosas. Y te van minando el ánimo: Las cosas del -todavía- trabajo, la forma física que se descuida por que siempre crees que tienes tiempo para ponerte a punto, la distancia que este año aumentaré hasta los 480 kilómetros partiendo desde Salamanca, el calor que se avecina por unos parajes lisos, sin sombra...la soledad.
Así que, ayer a estas mismas horas decidí que no era el momento. Que quizás el año que viene.Que en otra ocasión...
Pero este mediodia, mirando como correteaban mis pececillos -que otra vez, han tenido alevines-, me di cuenta de un detalle, al tiempo que uno de los adultos devoraba de un bocado a uno de los minúsculos recién nacidos:
Quizás no tenga otra ocasión. A fin de cuentas, en un año pasan muchas cosas. Y los próximos doce meses van a ser bastante intensos. Se amplia la familia, se complica el trabajo, se cumplen años, de tiene menos dinero...
En eso estaba pensando cuando pagué la reserva del billete hacia Tordesillas, para hacer escala hacia Salamanca. Creo que también estaba pensando en eso cuando facturé la bicicleta. de hecho, durante las cuatro compras imprescindibles que realicé en el Decathlón, pensaba en todo aquello que puedo vivir durante el camino. Cada uno de los cuatro dígitos del pin que marqué para pagar con la tarjeta, los vi como cuatro objetivos que tendré durante el camino, y al llegar:
Libertad, reflexión, compromiso y optimismo. Algunos ya los uso. Pero quiero más de cada uno de ellos.
La tecla verde del OK en el datáfono, supuso la confirmación de que ni el calor, ni las preocupaciones, tendrán nunca ninguna posibilidad conmigo.  Al menos, las preocupaciones. Lo del calor... se irá viendo.
Escribo esto, con esos nervios que se tienen en lo que es el preludio de un cambio importante. Con una pizca de precaución o miedo, no lo sé diferenciar. Con ilusión. También con esa pena que te da el no ver a tu gente, a tu familia y a tu mozo en 5 o 6 días, que ahora mismo me parecen semanas.
Supongo que es algo que tengo que hacer.

jueves, 9 de junio de 2011

De esperas

En apenas un mes, estaré pedaleando a 500 kilometros de casa. Posiblemente acompañado únicamente por mi "yo interno". Ese "yo" al que hace tiempo que no puedo sacar de su caja por falta de tiempo.
Diez enormes días de vacaciones en los que me recorreré -también ;-D - media España con dirección al norte.
Con una preparación física de risa, con los repuestos justos para verme en algún pequeño apuro y poder contarlo, con mis alforjas, mi bici del carrefur de cien euros, pero eso si, con ganas de dejar atrás a mi tan apreciada rutina, el atasco de las dos de la tarde y los graznidos, borderios, insultos y humillaciones de mi jefa.

Estoy tan convencido de que el trayecto, -valla bien o mal-, será tan enriquecedor, que no voy ni a plantearme objetivos máximos. Con hacerme mis 60-80 km diarios, voy servido.
El mp3 bien cargadito de cantos gregorianos para el descanso, y ritmo no desquiciante para la ruta, y pelotazos de calorías en forma de leche condensada y chocolate blanco.
En lo único que no voy a escatimar, será en pilas, pues el único aparatejo que me llevaré será el movil: Por si los accidentes, el GPS, el MP3, el tracker, la información en web, las fotos...
De hecho, he preparado la parte superior de la alforja para alojar un cargador solar que produzca la corriente necesaria para alimentar o cargar el móvil.
Las luces de la bici irán cargadas de casa y aguantarán perfectamente una semana, a razón de un par de horas o 3 cada día.

Es totalmente imprescindible para mi continuidad como persona,animal o cosa que realice este trayecto. De lo contrario, lo mas probable es que no tarde mucho en ir al trabajo acompañado de un lanzallamas. Y esa idea me preocupa ligeramente.

 Todavía no he decidido si mi punto de partida será Salamanca, Zamora, Valladolid...la distancia más o menos es la misma. Supongo que todo dependerá finalmente del precio del billete del autobús para mi y para mi bicicleta.
La maquina se ha puesto en funcionamiento. A ver que sale de aquí.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Pedaleando con su hijo.

Hace unas horas, cuando todavía había luz, me hice una pequeña ruta en bici. Poco más de dos horas o 33Km. Como siempre, calentando por asfalto, y luego explorando caminos no asfaltados del rural.
El caso es que, en un momento determinado por la zona de Barro, -un pueblecito con encanto próximo a Pontevedra-, adelanté a una -supongo- familia, que también iba pedaleando.
Delante ella, con una bicicleta que no logré identificar, aunque tenia más apariencian de paseo que de mtb. Detrás él, con una bici algo más dedicada y, en el transportín, una silla con un crío de unos dos años.

Y fue en ese preciso instante cuando me olvidé de las obras del ave que tenia próximas, y de mi cansancio, y me puse a pensar en cosas. Otro de esos resortes internos que me saltan de vez en cuando.

Cosas como en las desigualdades sociales.

Por que allí estaba yo, pedaleando, al igual que ellos. Con una bicicleta, igual que ellos. Seguramente con los mismos impuestos y obligaciones generales que ellos, quizás con un día festivo, como ellos, haciendo una pequeña excursión por el campo, como ellos.
Pero me había topado con una pequeña-gran diferencia:
Mi bicicleta nunca podrá tener en el transportín una sillita con un crío.
La explicación rápida es que a los homosexuales ni se nos permite adoptar, ni está bien visto que lo intentemos siquiera.
La explicación pormenorizada quizás sea incluso mucho más sencilla: Prejuicios sociales.

Y empecé a divagar sobre el tema según hacia kilómetros.

A estas alturas del año, oscurece relativamente pronto y de forma más brusca que en verano, así que me pilló la puesta de sol y tuve que encender mi proyector.
Pero ni siquiera la oscuridad relativa, -"entre lusco e fusco" que decimos en Galicia-, me quitaba de la cabeza esa reflexión que siempre llegaba a la misma pregunta: ¿por qué?
¿Acaso existe una relación directa entre mi orientación sexual y la calidad educacional que le pueda proporcionar a mi teórico hijo?
¿El hecho de que no me acueste junto a una vagina, implica dejadez en cualquier aspecto?
¿Quien lo dice? ¿Quien tiene autoridad para decirlo?
¿Se me aplicará algún tipo de descuento equivalente en mis impuestos por no tener los mismos derechos que una pareja heterosexual?
¿Es mejor que un crío crezca en un hospicio, (el nombre de "hogar de acogida" sirve sólo para amortiguar en vano las consecuencias), sin una estabilidad familiar?
Uis, he dicho "familiar".
Olvidaba que la unión entre dos personas del mismo sexo ni puede llamarse "matrimonio" ni ser considerada "familia". Ni, por supuesto, acogerse a los mismos derechos y beneficios en cuanto a herencias, convivencia, ayudas fiscales, etc,etc,etc, que una pareja heterosexual. Aunque si a las mismas obligaciones.
Ni, por supuesto, tener hijos.

El claxon de un coche cerca del puente del Burgo, me hizo volver a la tierra.
Durante unos kilómetros, tengo que reconocer que había dejado volar mi imaginación, mientras pedaleaba dios sabe por dónde.
Y le había puesto mi cara a aquel chico que transportaba a su hijo en su bicicleta. Inculcándole posiblemente los valores de una vida sana desde bien pequeño.
Y enseñándole quizás algún día a montar en bici.

Pero fué entrar en la calle donde creció Rajoy, a cuyos padres tengo por vecinos, y me invadió de nuevo el rencor hacia una parte bien bonita de la sociedad.
Supongo que la solución pasa por que me cambie de domicilio...

sábado, 2 de octubre de 2010

Adquiriendo experiencia.


Hace apenas tres meses que he terminado por tercera vez el Camino de Santiago.
Y ya me ronda por la cabeza el volver a hacer alguno de sus tramos..
Las primeas 2 veces a pié. La tercera en Bicicleta.
En el fondo, supongo que se trata de salir de esta ciudad con cualquier excusa.
Y esta es una excusa relativamente económica, sencilla y que no requiere de grandes planificaciones ni es preciso seguir ningún programa previo. Como dices los de la campaña de telefonía: "a tu aire".

Tengo pseudo-apalabrado el realizar el camino portugués en bicicleta a mediados del año que viene. Todavía hay que concretar muchas cosas, y ajustar vacaciones de los diferentes componentes del equipo, pues somos de diferentes ciudades.
Pero creo que no podré esperar.

Necesito actividad y movimiento en esta vida tan, -en contra de mi voluntad-, sedentaria que tengo.
Y la gente que me rodea, -"mis cercanos" que les llamo yo-, se han aburguesado completamente.
Viajar si, pero a poder ser en la autocaravana que tienen unos, cómodos aviones y hoteles previamente concertados, que dicen otras, y como mucho, alguna escapada a alguna ciudad en coche para pasar unos días en buses turísticos, museos y excursiones en barco a lo largo de la costa.
Que no digo que no esté bien.
Pero yo necesito mucho más que todo eso: El no saber qué te vas a encontrar en la siguiente curva. El sociabilizar con lugareños, allá por donde vallas. El aprovechar que has encontrado una fuente para refrescarte y recargar el botellín. El charlar con un montón de amigos con los que compartirás 3 o 4 horas de tu vida y nunca más volverás a ver.
El saberse sólo y no contar con nadie para que te quite las castañas del fuego.
El saborear un higo o una manzana que te has encontrado en aquel árbol.
Incluso el darte el tremendo lujo de detenerte donde se te antoje, por el simple hecho de que aquel cuadro, formado por 3 arboles, un banco de madera y una pequeña capilla en mitad de ningún sitio, te ha resultado tan acogedor, que quieres formar parte durante un rato de ese lugar.
Y encima, el no tener ninguna prisa por irte. Ni por llegar a ningún sitio.

Sin informática, ni tarjetas de crédito, ni teléfonos móviles, ni semáforos, coches, normas de circulación, sin, ni siquiera televisión ni mp3.
Sin aglomeraciones ni colas.
Sin temores, sin nervios.
Sin nada más que uno mismo y sus pensamientos.
Sin riesgo a decepciones, pues no sabes qué es lo que habrá mas adelante.
Con morriña de lo que vas dejando atrás.
Adquiriendo experiencia.