miércoles, 13 de octubre de 2010

Pedaleando con su hijo.

Hace unas horas, cuando todavía había luz, me hice una pequeña ruta en bici. Poco más de dos horas o 33Km. Como siempre, calentando por asfalto, y luego explorando caminos no asfaltados del rural.
El caso es que, en un momento determinado por la zona de Barro, -un pueblecito con encanto próximo a Pontevedra-, adelanté a una -supongo- familia, que también iba pedaleando.
Delante ella, con una bicicleta que no logré identificar, aunque tenia más apariencian de paseo que de mtb. Detrás él, con una bici algo más dedicada y, en el transportín, una silla con un crío de unos dos años.

Y fue en ese preciso instante cuando me olvidé de las obras del ave que tenia próximas, y de mi cansancio, y me puse a pensar en cosas. Otro de esos resortes internos que me saltan de vez en cuando.

Cosas como en las desigualdades sociales.

Por que allí estaba yo, pedaleando, al igual que ellos. Con una bicicleta, igual que ellos. Seguramente con los mismos impuestos y obligaciones generales que ellos, quizás con un día festivo, como ellos, haciendo una pequeña excursión por el campo, como ellos.
Pero me había topado con una pequeña-gran diferencia:
Mi bicicleta nunca podrá tener en el transportín una sillita con un crío.
La explicación rápida es que a los homosexuales ni se nos permite adoptar, ni está bien visto que lo intentemos siquiera.
La explicación pormenorizada quizás sea incluso mucho más sencilla: Prejuicios sociales.

Y empecé a divagar sobre el tema según hacia kilómetros.

A estas alturas del año, oscurece relativamente pronto y de forma más brusca que en verano, así que me pilló la puesta de sol y tuve que encender mi proyector.
Pero ni siquiera la oscuridad relativa, -"entre lusco e fusco" que decimos en Galicia-, me quitaba de la cabeza esa reflexión que siempre llegaba a la misma pregunta: ¿por qué?
¿Acaso existe una relación directa entre mi orientación sexual y la calidad educacional que le pueda proporcionar a mi teórico hijo?
¿El hecho de que no me acueste junto a una vagina, implica dejadez en cualquier aspecto?
¿Quien lo dice? ¿Quien tiene autoridad para decirlo?
¿Se me aplicará algún tipo de descuento equivalente en mis impuestos por no tener los mismos derechos que una pareja heterosexual?
¿Es mejor que un crío crezca en un hospicio, (el nombre de "hogar de acogida" sirve sólo para amortiguar en vano las consecuencias), sin una estabilidad familiar?
Uis, he dicho "familiar".
Olvidaba que la unión entre dos personas del mismo sexo ni puede llamarse "matrimonio" ni ser considerada "familia". Ni, por supuesto, acogerse a los mismos derechos y beneficios en cuanto a herencias, convivencia, ayudas fiscales, etc,etc,etc, que una pareja heterosexual. Aunque si a las mismas obligaciones.
Ni, por supuesto, tener hijos.

El claxon de un coche cerca del puente del Burgo, me hizo volver a la tierra.
Durante unos kilómetros, tengo que reconocer que había dejado volar mi imaginación, mientras pedaleaba dios sabe por dónde.
Y le había puesto mi cara a aquel chico que transportaba a su hijo en su bicicleta. Inculcándole posiblemente los valores de una vida sana desde bien pequeño.
Y enseñándole quizás algún día a montar en bici.

Pero fué entrar en la calle donde creció Rajoy, a cuyos padres tengo por vecinos, y me invadió de nuevo el rencor hacia una parte bien bonita de la sociedad.
Supongo que la solución pasa por que me cambie de domicilio...

1 comentario:

  1. mucha hipocresía y tabues hay en la sociedad,una sociedad que se cree democrática y avanzada; creo que hiciste un trozo del camino portugués,hay muchas zonas bonitas para ir en bici por los alrededores de Pontevedra,hoy subí al lago Castiñeiras

    saludos!! y no te desanimes!!

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