sábado, 31 de julio de 2010

Fiesta de peñas taurinas vs crisis.

Como cada verano, por fin han llegado los toros, los asesin.. uis, digo, toreros, y el público aficionado a presenciar las tortur, perdón, corridas (es que me cuesta un poco no llamarle a las cosas por su nombre).
Todo el mundo se queja de la crisis, pero a la hora de pagar 100 euros por una localidad para ver en primera fila y cómodamente a la sombra el maltrato animal, o para gastarse en el caso de los más jóvenes entre camisetas, copas y calimotxos, una media de 150€ en estos cuatro días, para eso, -decía-, no hay crisis.

Y ya no voy a entrar en opinar acerca del debate de moda de cada año (toros si o toros no), que creo que ha quedado bastante claro lo que pienso al respecto.

De lo que sí quiero hablar es de las ¿fiestas? que inevitablemente vienen unidas a esa masacre.

Y aquí, tengo que aplicar ese magnífico tópico del "no todos hacen lo mismo", pero al final en la retina queda lo que queda.

La cosa es que, dando igual la edad, -la mayoría de edad o no, quiero decir-, todo aquel que lleve una camiseta con color llamativo y serigrafiada alguna frase con dibujo pretendidamente ingenioso, gracioso, o intentándolo al menos, ira unido en alguna de sus extremidades a un recipiente, habitualmente con capacidad de 5 litros en el caso de los varones, y de 2 litros en el caso de las féminas, llenito hasta arriba de alguna bebida que también, de forma habitual, consiste en mezclar cualquier marca de vino de cartón barato del carrefur, con coca cola y azúcar.

A lo largo de la tarde, mirases a donde mirases, sólo se veían preparativos:
garrafas de agua (que si tenían agua se vaciaban en un jardín, si lo había, o en mitad de la calle directamente), para después, llenarlas con las bebidas mencionadas.

Sacos de cubitos de hielo de gasolinera que, debido a su tamaño, tienen que golpear contra cualquier objeto duro (como las defensas de los coches) para que quepan en las botellas o garrafas.

Los recipientes originales (cartones de vino y botellas de coca cola), una vez mezcladas y vacías, van quedando en cualquier sitio: Techos de los coches, ventanas de pisos bajos, el suelo...
Pero para eso tenemos un departamente de limpieza magnífico.

También es bastante frecuente el portar una pistola de agua sin agua pero con vino, para de paso, regar (refrescar dicen ell@s) a todo aquel que se encuentre en las inmediaciones.
independientemente de que pertenezcas o no a la peña, a la fiesta o al país.
Da igual que vallas de etiqueta o de chandal.

Y si tienes la mala suerte de pasar con el coche cerca y la ventanilla bajada, ya sabes lo que toca: llevar a re-tapizar el coche.

No voy a entrar en detalles acerca de los cientos de vómitos en los portales, o las meadas por cualquier sitio, o los comas etílicos.

Ni siquiera voy a transcribir ninguno de los 300 adjetivos des-calificativos que se me ocurren para todo aquel que, como parte de la fiesta, va de coche en coche por la calle, pateando espejos, para demostrarle a sus amigos que se ha visto todos los amigos de kung-fu, dejando vasos bajo las ruedas, sentándose en capós o techos ajenos, o coleccionando antenas.

De hecho, aunque me muero de ganas, evitaré además, el sacar a relucir cuestiones tan paradójicas como el hecho de que según he leído el otro día en una de esas encuestas a las que solo le haran caso los interesados, y los no interesados calificaran de falacia, estadísticamente, algo mas del 43% de los participantes en las fiestas taurinas, cualquiera que sea su vertiente, han manifestado su oposición a este tipo de actos, debido -sobre todo-, a la tortura animal.
Curioso, ¿verdad?

La cantidad de basura generada y abandonada en cualquier sitio, los restos de vino que por efecto del sol provoca un olor nauseabundo durante semanas, los miles de euros en desperfectos del mobiliario público que siempre y sin excepción descubrimos al día siguiente como papeleras pateadas, contenedores en mitad de la carretera volcados y rotos, o directamente ardiendo, el rio de los gafos con miles de botellas te todas las formas y tamaños flotando a merced de la corriente...todo vale.

Que si, que si, tal y como dije al principio, también hay gente que se hace su cenita, canta sus malsonantes canciones de sobremesa, acuden a ver la masacre durante hora y media, y luego salen de copas.

Pero aquí quería dejar patente la parte menos bonita:
La de caos.

Pero es tradición, así que...no hay fallo.

1 comentario:

  1. Ahora entenderás por qué procuro no estar NUNCA en Pontevedra en fiestas ¿no? Y yo también soy antitaurina

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